– Los miembros de los consejos y las comisiones de control de las cajas que acabaron nacionalizadas recibieron 139,2 millones de euros en créditos y avales en 2010, un 149% más que en 2009. 

– Entre 2008 y 2010, recibieron 255 millones en créditos, garantías y avales.

– La mayor cantidad en 2010 fue en Novacaixagalicia, la entidad con la que España ha perdido 8.000 millones de euros. Ocho de sus miembros lograron 3,7 millones en hipotecas ese año.

– Doce miembros de las cajas gallegas recibieron 75,6 millones en créditos, avales y líneas de descuento para empresas propias o a las que estaban vinculados. La mayor cantidad (58,7 millones) corresponde a un solo consejero: José García Costas, de los astilleros Barreras.

– Ocho consejeros de Bancaja, integrada hoy en Bankia, lograron en 2010 créditos por 28,5 millones de euros para sus empresas, la mayoría a través de la filial Banco de Valencia. Bankia supuso un rescate de 22.426 millones.

– Arturo Fernández logró crédito y garantías nuevas por 2,6 millones de Caja Madrid en 2010. Ahora el empresario madrileño dice que no puede pagar por la crisis.

 

El tiempo fue oro para algunos en 2010. Al sistema financiero español le habían quitado la sonrisa de campeón mundial con el sopapo de la intervención de Caja Castilla-La Mancha y, aunque seguía jugando al enfermo terminal que dice yo no me noto nada, vivía una convulsión interna y externa. Gobiernos autonómicos, sindicatos y algunos empresarios se encadenaron a las cajas de sus regiones con un canto con tintes patrióticos que no era más que la prueba de la histeria por ver quemarse el cortijo al que ellos mismos habían echado la cerilla. A la desesperada, algunos de esos gobiernos autonómicos cambiaron incluso leyes para vetar que perdiera el pedigrí su caja correspondiente uniéndose a la de otra región. Incapaz de oponer resistencia a los feudos autonómicos ni cuando todo amenazaba con venirse abajo, el Gobierno de Zapatero hasta inventó un engendro societario llamado fusión fría (SIP) para que no doliese tanto el proceso de concentración de entidades financieras en el que se empeñaron como solución al desmoronamiento.

Los grandes frankensteins unidos por motivos políticos duraron muy poco. En cuestión de meses se vinieron abajo, pero durante aquellos melindres me fusiono, no me fusiono, durante aquellos últimos meses de vida de las cajas de ahorros tal y como se las conocía en España, sus gestores no perdieron el tiempo. Políticos y empresarios presentes en los consejos de administración y las comisiones de control se atiborraron a créditos para sí mismos, sus familiares y sus empresas mientras el país se ahogaba por falta de financiación. Los años 2008 y 2009 fueron muy activos en concesión de créditos a los consejos pero las cifras alcanzadas en 2010 no encuentran comparación. Mirando los informes anuales de gobierno corporativo entregados a la CNMV por las cajas que acabaron nacionalizadas con el doloroso rescate procedente de Europa (las que finalmente pasaron a formar parte de BFA-Bankia, Novagalicia, Catalunya Banc y Banco Mare Nostrum), los créditos, avales y garantías concedidos a consejeros y miembros de las comisiones de control alcanzaron 139,2 millones de euros, un 149% más que en 2009. Si se suman los tres años que dieron la vuelta al panorama financiero español, los créditos a miembros de los órganos gestores de los citados cuatro grupos de cajas se elevan a 254,5 millones.

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Caruana-Banco-de-España

Cuenta El País, que el Banco de España elaboró un informe de supervisión en 2006 en el que se alertaba sobre los riesgos del inmenso poder que el entonces presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, estaba acumulando dentro de la caja. No se dejen llevar por los nombres que hoy por hoy despiertan nuestra ira cual reflejo de los perros de Pávlov. Quizás no es Blesa ni Caja Madrid el dato que resulta más relevante de esta historia, sino el año. 2006. 

Ese mismo año, la Asociación de Inspectores del Banco de España mandaba una carta al entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, advirtiendo del punto tan arriesgado al que estaba llegando el país debido al desenfreno del sistema financiero y a la inacción del gobernador del Banco de España, por aquel entonces Jaime Caruana.

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La deuda pública de España superó en junio el billón de euros. Cuatro años de austeridad después, necesitaríamos dedicar prácticamente todo lo que producimos en bienes y servicios en un año para saldar lo que debe la Administración Central, las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos. En contra de la lógica en la que nos han estado adoctrinando, a pesar de semejante losa, es ahora cuando eso que llaman los mercados nos muestra más confianza, nos da financiación a un interés más bajo y ya no hay que pasarse el día mirando la prima. Cuánto durará la calma, nadie lo sabe. Sí que si se despierta la bestia, por unas elecciones que no sean de su gusto, por una enfermedad que se atreva a atacar la economía y no solo a personas, por un cisne negro que ni siquiera intuimos hoy, con semejante volumen de deuda la carga de los intereses se va a hacer insoportable para un país que camina sobre un alambre y ha puesto sus esperanzas en cómo le vaya en el exterior (exportaciones) y por el exterior (turismo).

Que la prima baje hace a nuestro Gobierno felicitarse por haberse gastado 14.000 millones de euros menos de lo previsto en los Presupuestos de 2013 y 2014 (sumando ambos ejercicios), quitando el foco de una terrorífica realidad: no hay ejercicio en el que los intereses de la deuda bajen ya del entorno de los 30.000 millones de euros, el doble de lo que se presupuestó en 2007 (15.925 millones) y por encima de lo que se destina a prestaciones por desempleo.

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