El año en que el Banco de España no vio nada

Caruana-Banco-de-España

Cuenta El País, que el Banco de España elaboró un informe de supervisión en 2006 en el que se alertaba sobre los riesgos del inmenso poder que el entonces presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, estaba acumulando dentro de la caja. No se dejen llevar por los nombres que hoy por hoy despiertan nuestra ira cual reflejo de los perros de Pávlov. Quizás no es Blesa ni Caja Madrid el dato que resulta más relevante de esta historia, sino el año. 2006. 

Ese mismo año, la Asociación de Inspectores del Banco de España mandaba una carta al entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, advirtiendo del punto tan arriesgado al que estaba llegando el país debido al desenfreno del sistema financiero y a la inacción del gobernador del Banco de España, por aquel entonces Jaime Caruana.

En dicha carta, que desveló El Mundo y recojo en mi libro Crisis S.A. (Akal, 2014), los inspectores alertan:

Señor vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda:

Los inspectores del Banco de España, a través de esta nota informativa, queremos distanciarnos de la complaciente lectura de la situación económica española que hace en sus últimas intervenciones el actual gobernador del Banco de España, el señor don Jaime Caruana. […] Creemos que su análisis sobre las circunstancias que han propiciado la delicada situación actual es, cuando menos, parcial, ya que obvia una de sus causas más evidentes: la pasiva actitud adoptada por los órganos rectores del Banco de España -con su gobernador a la cabeza- ante el insostenible crecimiento del crédito bancario en España. […] En nuestra opinión, detrás de ese crecimiento desordenado del crédito -especialmente en la parte dedicada a la financiación inmobiliaria- se encuentra en último término, la falta de determinación demostrada por el gobernador para exigir a las entidades sometidas a la supervisión del Banco de España el rigor en la asunción de riesgos exigible a gestores de recursos ajenos. […] Desafortunadamente, en nuestra opinión, esta Institución, durante los seis años de mandato del actual gobernador, ha optado por mantener una actitud de pasiva complacencia. […]

Nosotros, los inspectores y técnicos de supervisión del Banco de España, precisamente porque somos los que examinamos in situ la situación de las entidades bajo el ámbito de supervisión de esta institución, conocemos de primera mano la situación del sistema financiero español y la del mercado inmobiliario nacional. […] Por todo ello, queremos hacer constar que no compartimos el cándido optimismo del gobernador ante la previsible evolución de la situación económica española y que, desde nuestro punto de vista, y sin alarmismos injustificados, sí hay motivos suficientes para la preocupación.

Según la información que publica hoy El País, Blesa no daba al parecer cuenta ni a la comisión ejecutiva, ni al comité de inversiones, ni al consejo de administración sobre los inversiones que acometía la caja de ahorros madrileña, ya fuera la compra del 4% de Endesa, ya la adquisición de un 15% del exitoso Aeropuerto de Castellón. Manos libres para disponer de 2.000 millones de euros de los que no daba explicaciones a los órganos de control de su propia casa, al parecer, porque era necesaria la confidencialidad en operaciones de semejante tamaño. El Banco de España lo sabía y de hecho la supervisión requirió a la caja que mejorase los mecanismos de control.

Es evidente que no es solo 2006 el año en que se optó por mirar para otro lado, pero las casualidades no existen y las informaciones que van apareciendo demuestran que las alarmas sí estaban sonando y se silenciaron.

Mientras España sufre hoy agujetas de tanto llevarse las manos a la cabeza por las informaciones que día tras día se recogen sobre la gestión de Caja Madrid y posteriormente de Bankia, se está operando una disección de los chicos malos de ‘todo aquello’, obligados a dimitir en manada. En un país que hace bromas al respecto de la escasa utilización de ese verbo, esto puede estar creando una espesa cortina de humo que exime de toda culpa a los que cobraban por vigilar y no lo hicieron, y en esto se incluye al Banco de España y al Gobierno al que se avisó de lo que ocurría y dejó que siguiera la fiesta.

Otro capítulo merecería el sustituto de Caruana al frente de la autoridad bancaria, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que ni pareció ver a tiempo el agujero de Caja Castilla-La Mancha, ni el de Cajasur, ni detuvo la fusión de las cajas gallegas, ni cuestionó la comercialización de las preferentes entre pequeños ahorradores, que apoyó la creación de Bankia pegando cajas preñadas de dinamita inmobiliaria y su salida a Bolsa. Estaba muy ocupado haciendo bolos por los pueblos para pedir una reforma laboral que arreglase España.