La precarización del empleo o cómo pasar €30.000 millones de salarios a beneficios

empleo precarioLos trabajadores españoles tienen un roto en el bolsillo, un desgarro que se hicieron al tropezar con la reforma laboral de febrero de 2012. Cada vez que se echan mano, comprueban con impotencia que otro puñado de monedas se les ha ido por el agujero. Por un pacto con la empresa a cambio de no perder el empleo, por el descuelgue del empresario del convenio colectivo, por reducción de la jornada de forma unilateral y sin pasar por la autoridad administrativa o sencillamente porque los despidieron con 20 días por año trabajado y fueron sustituidos por alguien más barato. Las aristas que clavó el Partido Popular en el tejido laboral son muchas con la excusa de que, si fijaban normas que permitiesen bajar los salarios, de las fábricas españolas saldrían productos más baratos y capaces por ello de competir en el mercado internacional. Sin embargo, este pantalón que ha cosido el PP tiene doble fondo. La mayor parte del dinero que pierde el trabajador cae directo en el bolsillo del empresario, no se usa para abaratar productos ni servicios. Este trasvase de riqueza desde el salario a los beneficios, rondó en 2012 los 20.000 millones de euros y en 2013 se situaba ya cerca de 30.000 millones. Esta semana se ha conocido el dato de paro registrado de abril. Hay 111.916 personas menos registradas como desempleadas y ha aumentado en 198.320 el número de personas afiliadas a la Seguridad Social. Empleo precario, inestable que demuestra que la promesa de mejora era en realidad un chantaje. Por el camino se han perdido derechos tanto en estabilidad como en ingresos.

Como explico con más detalle en Crisis, S.A.: El saqueo neoliberal, en los primeros años de la crisis el reparto de la riqueza anual que genera España (PIB), medido en función de las rentas, se mantuvo casi constante dividido en un 49% que se destinaba a retribuir a los asalariados y el 42% que iba a parar al excedente bruto de explotación o beneficios empresariales. (La parte restante hasta completar el 100% de PIB son impuestos sobre la producción e importaciones). La reforma laboral les entregó a los empresarios una potente herramienta que no dudaron en utilizar para amortiguar en el presente el efecto de la crisis en lugar de cumplir con la teoría de lograr que sus productos fuesen más competitivos.

En el primer ejercicio con la norma en vigor, el beneficio empresarial pasó a representar el 44% del PIB. De haberse mantenido el reparto previo a la reforma, el beneficio empresarial habría sido de 20.120 millones de euros menos. Esto ocurría mientras, o mejor dicho gracias a que los salarios se encogieron hasta quedarse en el 47% del PIB, es decir, 21.739 millones de euros menos que si hubiesen mantenido el peso que representaban en la economía antes de la reforma laboral. Las cifras muestran como casi la totalidad del ajuste salarial pasa en el agregado de la economía a los beneficios.

En 2013 ha continuado el trasvase. El excedente bruto de explotación o beneficios empresariales supuso en el pasado ejercicio el 45% del PIB, lo que en cifras absolutas equivale a 28.824 millones de euros más que si se hubiese mantenido el reparto anterior a la reforma. Los salarios, por su parte, bajaron hasta situarse algo por encima del 45%, perdiendo por el camino otros 35.486 millones de euros con respecto al peso que suponían en la economía antes del cambio de las reglas del juego laborales.

Las últimas cifras de la contabilidad nacional trimestral demuestran que la tendencia continúa. En el primer trimestre del año, el beneficio empresarial se situó a una distancia mínima con respecto a los salarios (115.783 millones y 115.856 millones respectivamente), demostrando que aunque el presidente de la CEOE, Juan Rosell, vaya por ahí diciendo que están deseando subir salarios, no ven que sea el momento porque el trasvase continúa.