Madrid S.A.: una ciudad en deuda con el PP (the movie)

Madrid no volverá hasta 2023 a los niveles de deuda que tenía antes de Gallardón y Botella. Para ello, aún debe devolver €4.363mill. y pagar otros €1.600 mill. de intereses.

 

 

Este videodato es un vistazo a lo ocurrido desde 2003 hasta ahora, una muestra de lo que cuento en Crisis S.A. (Akal, 2014) en el capítulo ‘Pueblos pobres, constructores ricos’:

Con la crisis, Madrid se ha convertido en una ciudad sucia que cobra desde 2009 por la recogida de la basura una tasa adicional que ronda los 130 millones al año y le ha incrementado el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) a sus ciudadanos tanto que ya supone 200 millones de euros más en el presupuesto de 2014 con respecto a lo que se presupuestó en 2012. Pero tiene una infraestructura con cerca de 30 pistas de tenis y techos retráctiles firmada por Dominique Perrault, La Caja Mágica, que costó 294 millones, casi el doble de lo que se presupuestó.

Madrid destina uno de cada cuatro euros del presupuesto a pagar deuda e intereses pero tiene la sede de la alcaldía en el Palacio de las Comunicaciones de Cibeles desde que este fue remodelado con un coste de 124,5 millones de euros en 2007 por dar gusto a Gallardón, a quien no le parecía suficiente la Casa de la Villa. Madrid recorta el presupuesto de reparaciones de autobuses de la EMT y prolonga la vida útil de los vehículos a 15 años; introduce el copago en el servicio de teleasistencia a mayores; ha destruido 2.445 puestos de empleo público entre 2009 y 2013; quita las aportaciones a pensiones del personal público y entrega servicios como la limpieza de las calles de la capital del país a empresas que buscan su margen de beneficio intentando reducir el sueldo de los trabajadores a niveles de miseria. Eso sí, tuvo en 2006 las dos mayores tuneladoras del mundo por entonces, Tizona y Dulcinea, excavando al mismo tiempo el doble túnel del nudo sur de la M-30, una obra para la que se pidió un crédito récord de 2.500 millones de euros cuyo riesgo iban a asumir las socias privadas de Gallardón, ACS y Ferrovial, pero que el ex alcalde traspasó a los madrileños poco antes de irse a lo de ser ministro. Madrid se ha cubierto de parquímetros pero soñó tres veces con ser olímpica.

Cuando Alberto Ruiz-Gallardón llegó al Ayuntamiento de Madrid en 2003, la capital debía 1.445 millones de euros. Cuando se fue a finales de 2011 a cumplir con su repentina vocación de ser ministro, la deuda recogida por el Banco de España era ya de 6.348 millones de euros, un 336,3% más. Más que las otras cinco capitales de provincia españolas de más de 500.000 habitantes juntas. Después, ya con Ana Botella colocada como alcaldesa, aparecerían otros 1.000 millones de euros en facturas que se habían quedado en los cajones sin contabilizar. La principal misión de la mujer del ex presidente Aznar era asegurarse que el dinero pedido a espuertas a la banca para pagar a las constructoras la megalomanía de Gallardón se devuelve a la banca con los oportunos intereses. Había mucho que recortar y mucho impuesto y tasa que subir para lograr que Madrid, intervenida por el Gobierno central, cumpliese.

Madrid presentó un plan de reducción de deuda 2012-2022 para su aprobación por el Ministerio de Hacienda, revisado por última vez en el primer trimestre de 2014, cuyas previsiones encierran un horizonte escalofriante. Desde 2015 y hasta finales de 2023, cuando ni Gallardón ni Botella habiten ya el Palacio de las Comunicaciones, la ciudad de Madrid a base de sacrificios pagará 4.363 millones de euros de la deuda actual y 1.600 millones en intereses. Y aún quedarán pendientes 1.549 millones de euros, una cifra todavía ligeramente por encima de la que se encontró Gallardón. 

La trampa de la M-30

Gallardón ganó por mayoría absoluta las tres elecciones a alcalde a las que se presentó, las últimas para permanecer tan solo unos meses en el cargo. Los madrileños, no hay duda, le daban una y otra vez su respaldo masivo a pesar de las zanjas y del aumento exponencial de la deuda que iba lastrando el futuro de la capital. Sin embargo, dejando claro el apoyo de la ciudadanía, ¿no había límite alguno al endeudamiento en aquellos años locos del dinero barato que la banca entregaba a espuertas? Lo había. El dinero barato llegó por el euro pero la moneda única imponía condiciones. Para esquivarlas, Gallardón se trajo al Ayuntamiento de Madrid la misma fórmula que había utilizado siendo presidente de la Comunidad de Madrid: crear empresas, sociedades mercantiles propiedad del ayuntamiento en las que ir alojando la deuda sin sumarla a la de la administración pública que cayese en sus manos.

Europa, a través de Eurostat, tenía el ojo echado a las prácticas del ex alcalde desde sus tiempos al frente de la CCAA madrileña, donde creó Mintra, la empresa para ampliar el metro de Madrid. La institución estadística europea obligó en 2005 a sumar la deuda de Mintra a la de la Comunidad de Madrid pero ese marrón ya se lo comió Esperanza Aguirre mientras Gallardón rizaba el rizo en la ciudad con su gran proyecto: el soterramiento de la M-30.

La gran obra, para la que se pidió un préstamo récord de 2.500 millones de euros que entregaron sin pestañear Societe Generale, Dexia y Caja Madrid, se hizo creando una empresa mixta, Madrid Calle 30, en la que participaría la iniciativa privada. ¿Cómo? Con un 20% del capital de Madrid Calle 30 aportado por un préstamo y encargándose del mantenimiento de la vía de circunvalación de Madrid durante 35 años. Increíble chollo. Las adjudicatarias, Ferrovial y ACS, blindaban un ingreso por 35 años por un servicio a una administración pública. ¿Para qué la empresa públic-privada? Básicamente para gestionar el pago de la deuda asumida y pagar un canon anual a las socias privadas que, cuando finalice el acuerdo, habrá superado los 7.000 millones de euros.

¿En qué beneficiaba todo aquel jaleo a Madrid, al margen de impedir a la ciudad durante más de tres décadas buscar una reducción de costes en el mantenimiento de la vía con un nuevo concurso? Juan Bravo, el ideólogo de la ingeniería financiera de Gallardón, y el propio Gallardón, defendieron contra viento y marea que el riesgo financiero lo estaban asumiendo las empresas privadas, que aquello no era deuda del Ayuntamiento. Como había ocurrido con Mintra en 2005, Eurostat le dijo a Gallardón que aquello era deuda pública dijese el entonces alcalde lo que dijese.

El Ayuntamiento ignoró a Europa durante años. Aunque las cifras aparecían en la estadística de deuda del Banco de España, el Ayuntamiento de Madrid se mantuvo en sus trece hasta 2011. Con la llegada de la austeridad y los límites impuestos a los ayuntamientos para refinanciarse, Gallardón, al que se le prohibe al fin echar de nuevo mano a la cartera de los madrileños para endeudarlos más, toma una decisión cuya explicación es tan rocambolesca como toda la historia de Madrid Calle 30. Le pide al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que le permita pasar directamente al Ayuntamiento la deuda de Madrid Calle 30, que asciende aún a más de 2.300 millones de euros. El motivo, dice, es que de ese modo se va a ahorrar los 100 millones anuales que está pagando el Ayuntamiento por los avales que sostienen la deuda. Es decir, el invento de la sociedad mixta le había costado a Madrid 100 millones más al año que si no se hubiese utilizado la fórmula de Gallardón. El Gobeirno acepta y se hace el cambio, como se refleja en la documentación del ayuntamiento:

deuda Ayuntamiento de Madrid

No es la única deuda que se ha endosado a los madrileños del holding creado por Gallardón. Ya con Botella se les pasaron 266 millones de deuda de Madrid Espacios y Congresos (antes de disolver la entidad que gestionó de forma nefasta los edificios del proyecto olímpico de Madrid y gestionaba el Madrid Arena cuando tuvo lugar la tragedia de Halloween) y 234 millones de la Empresa Municipal de la Vivienda, a la que se ha puesto como objetivo vender los inmuebles que tiene en su haber, con familias incluidas, y abandonar desde ese momento la función social para la que fue creada. Un juez ha admitido a trámite una denuncia por prevaricación por la venta de 1.860 viviendas dentro de este plan.

La deuda de Madrid aumentó además por los 1.017 millones de euros en facturas no pagadas que sacó del cajón Botella en 2012 para acogerse al Plan de Pago a Proveedores de Cristóbal Montoro y otros 350 millones que volvieron a acogerse al segundo Plan de Montoro en 2013.

Sueldos mínimos para directivos

Pagar la enorme deuda que arrastra Madrid precisa de mucha tijera y mucha subida de impuestos. El tajo llega en algunas áreas al hueso, como en el invento de los contratos integrales en los que, por primera vez, se adjudicaban servicios a empresas privadas dejándolas imponer las condiciones que quieran a los trabajadores. En el caso de la limpieza viaria esto derivó en una sonada huelga de la que Botella extrajo como conclusión que la reforma laboral del PP había sido muy buena y que había que reformar el derecho a la huelga.

Pero la tijera no llega a todas partes. Madrid cuidó a los directivos del holding de Gallardón cuando este era alcalde y los ha seguido cuidando con Botella. Madridec tuvo presupuestados hasta su disolución siete miembros de la alta dirección, dos directores y siete subdirectores con sueldos medios superiores a 85.000 euros en el caso de la alta dirección y más de 90.000 euros anuales en el caso del consejero delegado. La empresa que le sucedió, en la que se integraron otras dos compañías de las creadas en bonanza, Madrid Destino, tiene once miembros de la alta dirección. Más sangrante es el caso de Madrid Calle 30 que, con una plantilla de 13 personas, tiene entre ellas a un consejero apoderado, un director gerente y un director con sueldos de 91.788 euros, 83.864 euros y 83.022 euros respectivamente.

Parece que las empresas de Madrid necesitan un alto número de directivos para su gestión ya tengan 7.569 personas a su cargo como la Empresa Municipal de Transportes (13 directivos) o 277 como la Empresa Municipal de la Vivienda (11 directivos).

Madird ha decidido este año poner límite a los asientos de cuero. ¿Límite o blindaje? Los salarios mínimos que no entran ya en las exigencias cuando se trata de trabajadores que limpian las calles o cuidan los jardines se fijan en el caso de los directivos. El 29 de abril, el Pleno del Ayuntamiento aprobaba dividir en tres categorías las empresas de Madrid poniendo un límite de directivos que es de 10 en el caso de la Empresa Municipal de la Vivienda, Madrid Destino, la Empresa Mixta de Servicios Funerarios, Mercamadrid, Madrid Calle 30 y el Club de Campo Villa de Madrid.

La retribución básica para los directivos de estas empresas será de 65.000 euros y la total máxima de 91.780 euros, muy por encima de lo que cobra el presidente del Gobierno.