El misterioso hundimiento del Impuesto de Sociedades, una crisis a costa de IVA e IRPF

Vamos a calentar motores de cara a la reforma fiscal de la que el Gobierno va a anunciarnos hoy una parte, ya se verá qué pasa después de las elecciones. A grandes rasgos, de momento se reduce el tramo del IRPF y se bajan tipos en los niveles medios y bajos de ingresos, y se baja el Impuesto de Sociedades de las grandes empresas con la intención de que, a base de quitar deducciones, en realidad la recaudación suba por la vía de que el tipo real sea más alto que actualmente. Para más detalles antes de la información oficial, este pormenorizado artículo en Cinco Días de Jaume Viñas.

¿Qué ha ocurrido hasta ahora? Sabemos que la crisis hundió la recaudación total de los grandes impuestos (IVA, IRPF, Sociedades e Impuestos Especiales). En total, según las estadísticas de la Agencia Tributaria, el fondo común anual de estos grandes tributos pasó de 200.676 millones de euros en el año 2007, cuando la crisis era una cosa que pasaba en la otra orilla del Atlántico, a 168.847 millones en 2013. El pasado ejercicio no es el suelo, ni mucho menos, de la recaudación, que se tocó en 2009, cuando ésta quedó en 144.023 millones.

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España, el país en el que la crisis se ha cargado más sobre los pobres

Los datos son escalofriantes. En ningún país de la OCDE se ha cargado con más crudeza la crisis a la espalda del 10% de la población más pobre (la que menos ingresos recibe como rentas del trabajo y el capital) como en España. Incluso atendiendo a los países rescatados, el reparto del sacrificio entre la parte menos favorecida de la sociedad y las élites económicas ha sido más equitativo en el resto que en España. Así lo demuestra el informe de la OCDE sobre desigualdad y pobreza referido a 2011 que acaba de hacer público el organismo.

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Cuatro gráficos contra los desahucios ¿Quién creó y quién reventó la burbuja?

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En este mundo se cuestiona todo menos la libre circulación del capital. La banca y los fondos de inversión tienen el poder de calentar países hasta agostarlos y regar sectores hasta que sus ramas no dejan que crezca nada más. Su libertad para decidir dónde dirigen el caudal del dinero crea economías mutantes en tiempo récord y engendra desiertos aún más rápido, una vez deciden que ha llegado el momento de irse. A finales del año 2000, recién aterrizado el euro en nuestros bolsillos, el crédito destinado a actividades productivas y financiación de hogares se situaba en España por encima del medio billón de euros. Ocho años más tarde, en el momento en que reventaba la burbuja, había alcanzado un saldo de 1,9 billones, es decir 3,3 veces más.

La banca regó la economía de dinero barato, procedente en su mayoría de fondos y bancos del norte de Europa, y alimentó la rueda del crecimiento pero con una apuesta por un futuro concreto para el país, un futuro de suelo y ladrillo que la historia económica mundial ha demostrado muchas veces que no tiene largo plazo. La historia de España, como explico en Crisis, S.A. El saqueo neoliberal, no ha sido en esto diferente y hay mucho más que indicios de que quienes movían el dinero a gran escala sabían perfectamente los riesgos a los que abocaban al país. Cuando hoy se habla de planes de industrialización se habla de recuperar un sector que se dejó languidecer. La industria, que respondía del 14% del crédito total concedido en España a empresas y familias a finales de 2000, representaba el 8,4% a finales de 2008. El saldo en cifras absolutas creció, lógicamente, pero a un ritmo que nada tenía que ver con la borrachera de dinero fácil de otros sectores.

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