Por qué han hipotecado nuestros impuestos

 

burbuja inmobiliaria

“Señor vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda. Los inspectores del Banco de España queremos distanciarnos” de “la pasiva actitud adoptada por los órganos rectores del Banco de España -con su gobernador a la cabeza- ante el insostenible crecimiento del crédito bancario. (…) Algunos riesgos típicos del negocio bancario, se han visto incrementados de forma muy acusada por la necesidad de las entidades de crédito de acudir al ahorro exterior para conseguir los fondos necesarios para financiar el crecimiento de su inversión”.

Este es un fragmento de la carta que enviaron los inspectores a Pedro Solbes en el año 2006, que recojo en Crisis, S.A.: El saqueo neoliberal.

Los inspectores se refieren en su misiva a Jaime Caruana, a quien citan en diferentes ocasiones y quien hoy es director general del Banco Internacional de Pagos de Basilea. El vicepresidente segundo del Gobierno no sólo ignoró la alarma, que la sociedad española no conocería hasta cinco años después, cuando El Mundo publicó la carta. En julio de 2007, Solbes seguía mirando para otro lado y declaraba en Radio Nacional de España: “El crédito hipotecario sigue creciendo, aunque no tan rápidamente; posiblemente el aumento de nuevas inversiones no tenga las mismas expectativas de hace dos meses, pero la construcción sigue trabajando bien, hay excelentes empresas constructoras e inmobiliarias y espero que esta actividad siga adelante, aunque a un ritmo ligeramente inferior”.

La libre circulación del capital permite a quienes lo manejan a escala mundial, la gran banca y los fondos de inversión, inflar burbujas en cualquier parte del mundo, ya sean inmobiliarias o del maíz, y salir huyendo cuando estallan dejando el terreno yermo. El nacimiento del euro y la entrada de países como España en la moneda única, que perdían desde ese momento la facultad de devaluar su moneda, nos colocaron como el objetivo perfecto para las apuestas de la banca y fondos del norte de Europa. Toda la maquinaria legislativa, como explico con detalle en el libro, remó a favor del ladrillo y el hormigón.

En el año 2003, por primera vez, se concedió más crédito a los promotores inmobiliarios que a las familias para la adquisición de vivienda. La burbuja estaba desbocada, empezaban los años de ganar dinero a espuertas para bancos e intermediarios.

Si en 1996 las inversiones de cartera del exterior en España (en forma de bonos, obligaciones y otros instrumentos del mercado monetario) eran de 6.343 millones de euros (en su equivalente en pesetas), en el año 2007 alcanzaba los 626.691 millones. Si en el año 1996 se iniciaba en España la construcción de 287.199 viviendas, una década más tarde se iniciaron en un solo año 760.179 viviendas a un precio por metro cuadrado que se había disparado un 190%.

La crisis subprime en el verano de 2007 y sobre todo la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 secaron el circuito internacional del dinero, que dejó de regar, entre otras muchas cosas, la burbuja española. ¡Boom!

A finales de 2011, Partido Popular y PSOE, con este último aún en el Gobierno, pactaban un cambio en la intocable Constitución para dar “prioridad absoluta” al pago de la deuda pública, por encima de pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad, educación… Ya estaba el cauce creado para que, cuando llegase el momento de socializar las pérdidas, de transformar deuda asumida por el sector financiero en deuda pública merced a lo que llaman rescate, hubiera además que pagarlo en primer lugar por mandato constitucional. El dinero remontaba el cauce hacia el norte de Europa sin riesgo para quienes habían apostado a cebar las economías de la periferia.