Receta para que las pensiones no sean sostenibles

 

El exilio laboral y el abandono de la búsqueda de empleo por pérdida de esperanza han reducido la población activa menor de 40 años en 926.900 personas desde 2012

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La Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2014, que ha publicado esta mañana el INE, nos trae la alegría de la cifra del número de empleados, que sube (en el mejor tercer trimestre de la crisis aunque sea a base exclusivamente de contratos temporales), y el de parados, que baja (aunque en este último dato hay que tener en cuenta la evolución de la población activa). Y sonreímos aún a sabiendas de las condiciones, de la precariedad de ese empleo, de que uno de cada cuatro contratos no llega a durar una semana. Sonreímos porque nos han puesto en la tesitura de alegrarnos de lo más básico con cada nuevo empleo: otro que recibe ingresos.

Pero la EPA trae muchas cosas en sus tripas estadísticas a las que merece la pena echar un vistazo para saber dónde estamos, de dónde veníamos y qué futuro nos espera. A la encuesta de población activa lo que más le ha cambiado en dos años es la población activa. Si se comparan los datos de tercer trimestre de 2012 (cuando se alcanzó la cifra más alta de población activa con 23.491.900) y 2014, hay 560.200 personas menos en edad de trabajar que tengan o busquen empleo. Este descenso de la capacidad de trabajo del país es preocupante pero lo es más si se atiende a la evolución de la población activa por franjas de edad.

Mientras no hacen más que toquetear la normativa en materia de pensiones y en la última broma han condenado a los jubilados a perder sistemáticamente poder adquisitivo (más cuanto mayor sea la inflación) se nos fuga el futuro de las pensiones con una pérdida de la población activa de 926.900 personas menores de 40 años que ya no figuran en la estadística del INE respecto al tercer trimestre de 2012.

La población activa se incrementa, sin embargo a partir de esa edad y especialmente en la franja entre los 50 a los 59 años.

Mientras todo esto ocurre, la Seguridad Social está en números rojos. En 2013 cerró con un agujero récord de 11.861 millones de euros. El número de pensionistas aumenta año tras año mientras el Gobierno bonifica los contratos que permiten sustituir los de mejor calidad por otros precarios contra la caja que debe pagar el desempleo y las pensiones. Las menores cotizaciones por la caída de salarios y por supuesto por el desempleo no hacen sino restar.

Como no da, el Gobierno del PP empezó desde 2012 a tirar del Fondo de Reserva, conocido también como hucha de las pensiones, que contaba a finales del pasado mes de septiembre con 49.754 millones de euros frente a los más de 69.000 millones que alcanzó en 2011.

El envejecimiento de la población provoca un incremento constante de la partida destinada a pensiones en los Presupuestos Generales del Estado, que en el proyecto para 2015 que se debate esta semana en el Congreso plantea una cantidad de 131.659 millones de euros. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no ha dudado como el resto del Gobierno en sacar pecho con el porcentaje que significa esa partida sobre el total del gasto. Por comparar lo ha comparado hasta con el gasto destinado a Defensa para demostrar lo sociales que son. Quizás el modo de hacer sostenible el sistema de pensiones es otro.