impuestos empresariales

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lleva tiempo empeñado en convencernos de que es un mito eso de que las grandes empresas eluden buena parte del pago de los impuestos que les corresponderían en función del beneficio que obtienen en este país. Lo mismo le da salir en el Senado diciendo que en 2013 han aumentado los impuestos pagados por las grandes empresas (claro, les aumentó el beneficio respecto a 2012); que presentar una reforma fiscal que les baja el tipo nominal del Impuesto de Sociedades junto a un cuadro en el que se dan los pagos a cuenta de las empresas en los últimos años, es decir, los anticipos, no la aportación final al Fisco tras las devoluciones. ¿Cómo podemos saber si Montoro dice la verdad cuando asegura que las grandes empresas han arrimado el hombro como nadie durante la crisis? 

En la Agencia Tributaria aseguran que lo mejor es examinar las memorias anuales que elabora este organismo. La última presentada es la de 2012, que se refiere a los datos fiscales de 2011 y ejercicios anteriores. También nos explican que en la memoria se distingue entre las cuentas e impuestos de los grupos consolidados, que aunque hay excepciones son en su mayoría grandes empresas; y las empresas que no pertenecen a grupos que, aunque también hay excepciones, son en su inmensa mayoría pymes.  Lo primero que se observa es que, entre 2007 y 2011 se produjo un derrumbamiento de la base imponible de los grupos consolidados. La base imponible es la parte del beneficio a la que se le aplican los impuestos. Si en 2007 equivalía al 56% del resultado, en 2011 se había quedado en el 20%. El resto del beneficio no paga impuestos, al menos en España. 

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Ferrovial

“En cumplimiento de la normativa vigente, se pone en conocimiento de los señores accionistas y del público en general que con fecha 14 de julio de 2005, Allocation SICAV, S.A. ha firmado en disconformidad el acta de la Inspección de Hacienda del Estado derivada de la comprobación de su régimen fiscal especial del Impuesto sobre Sociedades del ejercicio 1999.

La regularización propuesta por la Inspección consiste en la aplicación del tipo general del impuesto de sociedades (35% en aquel momento) en lugar del tipo especial del 1% aplicable a las sociedades de inversión mobiliaria admitidas a negociación en la Bolsa de Valores”.

¡Qué tiempos! Así comenzaba la comunicación a la CNMV de la Sicav Allocation, perteneciente a la familia del Pino, fundadora de Ferrovial, en la que se informaba de que los inspectores de Hacienda andaban tras sus pasos. Consideraba la Inspección que los Del Pino debían pagar, solo por el año 1999, alrededor de 2,6 millones de euros en impuestos. Imaginen lo que se han ahorrado desde entonces. ¿En qué quedó? En nada. Ya se encargó Pedro Solbes de echar el cerrojo a la inspección el día en que el país tenía su atención puesta en un enorme avance social: la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo. Desde entonces, las Sicav son el único instrumento de ahorro sobre el que la Inspección de Hacienda no tiene competencias. Ferrovial no fue la única gran fortuna que se benefició de esa sorprendente forma que el penúltimo PSOE tuvo de entender el socialismo, pero nos vamos a fijar en ella por la procedencia del tesoro que guarda, que hunde sus raíces en los acuerdos del dictador Franco con Eisenhower para el establecimiento de bases militares en España pero además es un largo recorrido por las inversiones públicas y el florecimiento del Estado de bienestar.

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impuestos hacienda

Pongan la mente en blanco. No piensen en las dos subidas de IVA que han sufrido durante la crisis y la reclasificación de productos y servicios que ahora pagan el tipo general. No piensen en la subida del IRPF que se agarró a su nómina desde 2012 y que ahora les van a bajar por capítulos sin devolverles el susto, ni en las decenas de miles de millones de euros entregados a entidades financieras a fondo perdido por agujeros que alguien no controló (aunque cobraba por ello). No piensen en los recortes en Sanidad o Educación pero, sobre todo, no quieran entender el fraude que se esconde tras las SICAVs ni saber quién bloqueó su inspección; ni cómo la banca, al quedarse con miles de pisos de las inmobiliarias cuando estalló la burbuja, se restó cifras astronómicas de un IVA que nadie había pagado quitándolos del fondo común. No se pregunten en qué consisten los paraísos fiscales, qué había tras la amnistía fiscal ni por qué David Beckham fue el primer gran beneficiario de una norma tributaria que se dijo que se creaba para atraer a científicos y premios Nobel.

Vivan felices con los anuncios de devolución de los sacrificios que nos hacen desde el Gobierno y no lean, no se les ocurra leer el libro ¿Hacienda somos todos? de Francisco de la Torre (Debate, 2014), al que dedico hoy la sección El domingo libro. No vaya a ser que, avanzando por sus páginas, aten cabos entre lo que ocurría antes y durante la crisis, lo que ha pasado en su bolsillo y lo que ha entrado (o no ha salido) de otros. No vaya a ser que descubran que este fondo común, al que cada vez aportan más, está lleno de rotos desde hace mucho y que ahora, cada vez que se remienda uno, se dejan saltar las costuras por otro sitio sin que en la Agencia Tributaria tengan medios (ni se los den) para tanto hilván.

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