Nos dijeron que hacía falta una devaluación interna, una rebaja de salarios que abaratase los productos y nos permitiera vender más en el exterior. La pertenencia al euro nos impedía realizar una devaluación de la moneda que hiciese realidad esa ecuación de un día para otro y dijeron que era el bolsillo del trabajador el que tenía que sacrificarse. Nadie habló de buscar fórmulas para reducir los costes energéticos para, de esta forma, hacer más competitivos nuestros productos. Nadie se refirió a los márgenes empresariales.

Los sindicatos aceptaron la propuesta con sendos acuerdos de contención salarial que sí llevaban aparejadas una serie de condiciones para que todos arrimasen el hombro. A las pocas semanas de firmar el segundo de esos acuerdos, allá por febrero de 2012, el Partido Popular, con mayoría absoluta en el Gobierno, impuso la “reforma del mercado laboral extremadamente agresiva, con mucha flexibilidad en la negociación colectiva y reducción de la indemnización por despido” que el ministro de Economía, Luis de Guindos, había prometido al comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Lo supimos no porque se lo anunciase a la nación de la que cobra, sino porque captó la conversación una cámara de televisión antes de que diera comienzo una reunión del Eurogrupo.

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empleo precarioLos trabajadores españoles tienen un roto en el bolsillo, un desgarro que se hicieron al tropezar con la reforma laboral de febrero de 2012. Cada vez que se echan mano, comprueban con impotencia que otro puñado de monedas se les ha ido por el agujero. Por un pacto con la empresa a cambio de no perder el empleo, por el descuelgue del empresario del convenio colectivo, por reducción de la jornada de forma unilateral y sin pasar por la autoridad administrativa o sencillamente porque los despidieron con 20 días por año trabajado y fueron sustituidos por alguien más barato. Las aristas que clavó el Partido Popular en el tejido laboral son muchas con la excusa de que, si fijaban normas que permitiesen bajar los salarios, de las fábricas españolas saldrían productos más baratos y capaces por ello de competir en el mercado internacional. Sin embargo, este pantalón que ha cosido el PP tiene doble fondo. La mayor parte del dinero que pierde el trabajador cae directo en el bolsillo del empresario, no se usa para abaratar productos ni servicios. Este trasvase de riqueza desde el salario a los beneficios, rondó en 2012 los 20.000 millones de euros y en 2013 se situaba ya cerca de 30.000 millones. Esta semana se ha conocido el dato de paro registrado de abril. Hay 111.916 personas menos registradas como desempleadas y ha aumentado en 198.320 el número de personas afiliadas a la Seguridad Social. Empleo precario, inestable que demuestra que la promesa de mejora era en realidad un chantaje. Por el camino se han perdido derechos tanto en estabilidad como en ingresos.

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