Tanto IVA el cántaro a la fuente y otros chistes del FMI

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Atado y bien atado. Cambiaron la Constitución para dar prioridad absoluta al pago de la deuda pública, por encima de sanidad, educación, prestaciones por desempleo o pensiones, que es para lo que aportamos al fondo común. Transformaron en deuda pública deuda que era privada, del sector financiero, porque estaba tan podrido que la pella corría el riesgo de no ser devuelta a quienes habían apostado durante años a cebar las economías del sur, es decir, los fondos y bancos del norte de Europa. Permitieron durante más de dos ejercicios que la banca y los fondos distorsionasen la rentabilidad exigida a la deuda pública de países de la periferia como España, con mecanismos tan burdos que podían contrarrestarse con simples palabras. Así lo demostró el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, a finales de julio de 2012.

¿Ahora que nuestro endeudamiento público se acerca al 100% de la riqueza que genera el país en un año (PIB) quieren que la cuota salga de subir otra vez el IVA (que aportó en 2013 el 31% de los grandes impuestos) y mientras bajar el Impuesto de Sociedades (que aportó el 12%)? Como comento en Crisis S.A.: El saqueo neoliberal, esto “es un juego de matones de puerta de bingo en el que o pagamos sus deudas o nos parten las piernas a todos”. Un chiste sin gracia. España tiene ahora un problema que no tenía cuando empezó la crisis, un problema de deuda pública. Para solucionarlo (después de crearlo) el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto el foco en los impuestos indirectos, los especiales, medioambientales pero sobre todo el IVA,  el impuesto menos justo por ser igual para todos sin importar la renta (ya lo han subido tres veces, dos por aumento de tipos y una por reclasificación de productos y servicios).

Tampoco quiere oír el FMI hablar de bajadas del IRPF, el que más recauda de los grandes impuestos y el que afecta a ciudadanos cuyos ingresos ya están controlados, porque esto no va de luchar contra el fraude, oiga. Si quisieran coser los rotos por los que se escapan decenas de miles de millones de euros no habrían incluido al personal de la Agencia Tributaria en la tasa de reposición del 10% que tanto ha mermado sus fuerzas al reponerse sólo uno de cada 10 trabajadores que se jubilan. Mejor que se encarguen los ordenadores con lo que tengan registrado que destinar inspectores a las cocinas fiscales de las empresas. ¡Qué modernos!

Los hombres de negro han pasado esta semana otra vez por España, ya lo saben ustedes. Habrán leído y escuchado que también para el FMI la economía de este país ha dado un giro, gracias a los “esfuerzos colectivos de la sociedad española”. Qué maestros del léxico son en Washington. Lo hemos hecho tan bien que hemos “obligado (han dicho obligado) a los bancos débiles a reparar sus balances”. No me veo yo con fuerzas para obligar a los bancos a mucho por débiles que estén, y tampoco veo al Gobierno, si es a lo que se refiere el FMI. Y mucho menos con ganas de cargarme a la espalda la parte pocha de sus balances como hemos hecho inyectándoles capital con cargo a la deuda pública o con la creación del llamado ‘banco malo’.

El FMI nos agradece el esfuerzo pero advierte que “el déficit sigue siendo muy elevado y la deuda, ya por encima de la media de la zona euro, se acerca rápidamente al 100% del PIB”. ¿Qué esperaban?  La deuda pública no se debe en exclusiva al rescate del sector financiero, pero el rescate procedente del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) supuso por si solo 40.000 millones de euros más en el debe común. Está el déficit de tarifa eléctrico, los planes de pago a proveedores y además seguimos arrojando déficit por el hundimiento de la recaudación, la necesidad de sacar de presupuestos una partida para el abono de las prestaciones por desempleo (que hasta 2007 podía afrontar en solitario la Seguridad Social) y los cuantiosos intereses de la deuda, que seguiremos pagando mucho tiempo por más que las emisiones de nuevos títulos actuales hayan vuelto a realizarse con una rentabilidad lógica.

Ahora que los informes mensuales de la Agencia Tributaria arrojan un incremento en la recaudación del Impuesto de Sociedades motivado no por cambios normativos, sino porque, por ejemplo, los bancos han empezado de nuevo a ganar dinero a espuertas, viene el Fondo Monetario Internacional (FMI) y nos dice que subamos el IVA (a base de reclasificar de nuevo al tipo general productos y servicios que pagan el tipo reducido), que no nos volvamos locos con promesas electoralistas de bajar el IRPF y que, eso sí, bajemos el Impuesto de Sociedades. Ni ahora quieren que contribuya la banca, que tanto tiene que decir del aumento de la deuda pública; ni la gran empresa, a cuyos beneficios ya se ha entregado un buen pellizco procedente de los salarios.

El tipo del Impuesto de Sociedades está en el 30%, 25% para pymes. Es sabido que la cuenta al final es muy inferior gracias a las deducciones que se permite que se apliquen las grandes empresas y recientemente el Gobierno le ha hecho otro regalo a la banca en forma de créditos fiscales con cargo a supuestos beneficios futuros que no sólo significa aportar menos al fondo común por el mero hecho de haber perdido dinero. Si finalmente no logran ese beneficio futuro estimado será la espalda de todos la que vuelva a responder del regalo. ¿Quién carga con la losa? El Impuesto de Sociedades no encabezaba la recaudación de los grandes impuestos ni en los años de orgía económica. En 2007 aportó el 22% (44.823 millones), lejos del 36% del IRPF (72.614 millones) y del 28% que aportó el IVA (55.851 millones). Estalla la crisis y es la del Impuesto de Sociedades la recaudación que antes se desploma.

Como explica Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y ex portavoz de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado,  en su libro ¿Hacienda somos todos? (Debate, 2014), lo que ocurrió huele y sabe a fraude. “En 2007”, explica De la Torre en su libro, “según la Central de Balances del Banco de España, las empresas españolas obtuvieron los beneficios más importantes de la historia. El Impuesto de Sociedades se declara y se paga al año siguiente. Según esos datos, en 2008 se debería haber esperado una recaudación histórica, que superase los casi 45.000 millones de euros del año anterior”. ¿Qué ocurrió en realidad? “El pavoroso resultado fue que la recaudación del Impuesto de Sociedades cayó un 39% en 2008, pasando de casi 45.000 millones a 27.000 millones de euros. (…) Lo primero que las empresas hicieron fue dejar de pagar”.

En el año 2013, según los datos de la Agencia Tributaria, el Impuesto de Sociedades aportó a la recaudación de los grandes impuestos sólo el 12% del total. El IRPF es ya el 41% y el IVA el 31%. Se han tomado medidas que han permitido que se recupere algo de la recaudación de Sociedades, como fue el fin que se puso en 2012 a la deducción sin límite de los gastos financieros y a la libertad de amortización, pero la recaudación no se acerca ni de lejos a lo que fue.

El chiste del FMI acaba con esta frase a modo de explicación sobre por qué hay que subir impuestos:  Para proteger los servicios públicos para las generaciones actuales y futuras. Pero hay más guasa en este monólogo del Club de la Comedia en el que a los Estados no se les deja más que aplaudir: el FMI felicita a España por “la reforma laboral y la moderación salarial”, porque eso va a “transformar la destrucción de empleo en creación de empleo”, no se detienen a decir de qué nivel de precariedad es ese empleo. Dice, después de aplaudir la moderación salarial, que “la renta media de los hogares continúa por debajo de los niveles anteriores a la crisis”.

Y para arreglarlo proponen “mejorar el equilibrio entre los contratos indefinidos con elevada protección y los contratos temporales precarios”. Desde la reforma laboral ya se conoce hacia dónde va ese equilibrio, a la temporalidad plena de facto facilitada por el despido libre y el mercado a la baja de los trabajadores. Menos salario, menos renta media por hogar.

Señores del FMI. Menos salario es menos IRPF o, en los niveles que más sufren el recorte, que son los medios y bajos, directamente colocarse por debajo del umbral establecido y no pagar impuesto de la renta. Menos salario es menos consumo y por tanto menos IVA. Y como remate, su alegría y aliento para que sigamos orientando nuestra economía a las exportaciones gracias a productos a coste y precio barato, barato no tiene sentido si lo que les preocupa es el déficit. Las exportaciones no pagan IVA. Oh, wait!